
El 29 de Julio del año 2005, los que viven en “situación calle” dejaron de ser un rumor para convertirse en un número. Aquel día MIDEPLAN inició una encuesta maratónica para conocer el número real de quienes poseen menos que un pobre o indigente. Producto de dicha encuesta Martín Concha junto a sus compañeros pasaron a formar parte de la preocupación y la vergüenza nacional ¿cómo se puede vivir en la calle y alimentarse de ella? ¿Dónde quedaron sus pudores? Estas preguntas MIDEPLAN no las respondió.
El ministerio de planificación –MIDEPLAN-, el 29 de Julio del año recién pasado, realizó un catastro sobre las personas que viven en la calle, éste, dio cuenta de 7.216 personas que se encontraban viviendo en situación de calle, esto es: personas que no cuentan con una vivienda a la cual acceder, ya sea por opción personal o por condiciones de vulnerabilidad social, lo que la obliga a permanecer el día y/o la noche en lugares públicos, de manera temporal o permanente. Son aquellos individuos que socialmente se encuentran por debajo de la población que la encuesta Casen define como pobres e indigentes.
En relación a ellos, se estableció por ejemplo que uno de cada dos habita en la Región Metropolitana -48,7%-, que el 85% de los individuos son hombres, que la edad promedio de este grupo es de 47 años y que el 56,8% son solteros.
Esta encuesta confirma lo que yo tanto temía: la estética de este país es triste: Cuando caminamos por nuestras ciudades nos topamos con ellos tirados en las esquinas, deambulando, durmiendo en rincones para capear el frío. Se trata de personas que viven en situación de calle, mujeres y hombres excluidos del sistema social. En este grupo se encuentra Martín Concha. Un hombre en extremo delgado, pequeño, que arrastra 65 años de vida. Vive en la calle hace 6 años ¿su vida anterior? Era un brillante empresario, de esos que abundan en nuestro Chile actual, aquellos que usan traje y se alinean con los poderes fácticos. Que tienen sus propias revistas, códigos, clubes, y celebraciones, donde con sus nuevos cortes de pelo y camisas bien planchadas sonríen a las cámaras y esconden sus fechorías. Fue justamente una fechoría, un engaño el que llevó a la quiebra a Martín y lo hizo perder todo, negocios, plata, amigos, familia y hogar. Hoy Martín deambula entre hosterías, caletas, plazas y puentes. Entre lo que pide y lo que recoge.
Sábado15 de Abril: Son la 1:30 de la madrugada y en Mc’Donald’s de Estación Central está todo dispuesto para vaciar los contenedores de comida no apta para los clientes, no es comida –en su mayoría- mala, más bien es comida que se quemó más de la cuenta o que esperó mucho tiempo a que alguien se la llevara.
Martín espera impaciente, conoce los horarios del restaurant y sabe que ya llega la hora de su pequeño banquete “acá hay de todo, la comida en su mayoría es buena, sólo un poco fría”. Los contenedores de basura se vacían en un contenedor mayor y Martín ataca.
He visto hombres tapados con diario para pasar el frío, hombres pidiendo plata, mendigando, pero lo que observé esa noche fue el acto de humillación más grande jamás visto, es penoso ver como un hombre deja sus pudores su dignidad de lado para conseguir algo con que mantener el cuerpo.
-¿Qué pasa contigo, no te da asco, miedo comer así?...
-Si tú me invitas a comer a tu casa, yo voy feliz, pero mientras espero, como acá.
Entiendo a Martín, a él le da asco comer de la basura, no le gusta comer así, pero no tiene otra opción… Y podría terminar este artículo despotricando contra el gobierno y los hombres de chaqueta y corbata de nuestro país, pero… ¿Con qué cara? Para cambiar, para poder criticar con propiedad tengo que partir por mí, y Martín tiene razón yo no lo invitaría a mi casa y por como se dan las cosas, supongo, que el gobierno tampoco lo hará, debería, pero no lo hará.